L´Edat del Ferro

L´Edat del Ferro

31 de marzo de 2026 0 Por jackrackham

Foto del blog de Armand BallartArmand Ballart

La Edad del Hierro

Josep Maria Alsina: (Vèrtex, 1998)

«¿Y está bien equipada?» Hoy, esta es una de las primeras preguntas que se nos hace, si no la primera, cuando se nos pide información sobre una vía de escalada. Y lo que todos entendemos por “bien” es muy sencillo: que haya muchos seguros fijos, si es posible, parabolts de al menos 10 mm de diámetro. Y es que, actualmente, la mayoría de los escaladores se fijan más en el hierro que en la piedra. Está claro que lo que se considera que está bien (bien equipada) es la superabundancia de hierro: cuanta más cantidad y mayor sea el diámetro de las expansiones —porque tienen que ser expansiones— mejor. Porque solo estas, según piensan muchos, son el único seguro fiable que puede garantizar la salvaguarda absoluta de nuestras vidas.

Pero una acumulación semejante de hierro en las paredes no hace más que acentuar la inadaptación del ser humano al medio natural y actuar en detrimento del compromiso psicológico inherente a la escalada. Sin ese compromiso mental, la actividad vertical se desvirtúa, pierde parte de su esencia. La escalada “deportiva” ha llevado a que hoy en día muchos escaladores no conozcan ni puedan concebir otra forma de subir las paredes que no sea el hierro. De hecho, son muchos los que ya escalaban antes de la llegada de esta tendencia y ahora se han apuntado a ella, como si lo de antes no hubiera existido nunca. El escalador busca la siguiente chapa, a dos metros de la anterior; se concentra en las presas que tiene al alcance y se olvida de la pared y del entorno. Hay que preguntarse si esta es la mejor manera de entender la escalada —una manera que, por otra parte, ha captado en los últimos años una gran cantidad de seguidores— o si, por el contrario, existe otra en la que el medio y el propio compromiso del escalador con el entorno y con su actividad permanecen todavía intactos.

Si en un principio parecía que descolgarse abiertamente desde arriba y “asegurar completamente” un largo, una vía o una pared era la manera de que los más inquietos consiguieran superar dificultades cada vez mayores —concentrándose en estas y despreocupándose de la seguridad—, últimamente parece que el proceso se ha invertido. Ahora son muchas las vías que se equipan y reequipan sin que ello suponga ninguna evolución en las dificultades de la escalada, sino simplemente hacerla más accesible. La escalada actual se caracteriza, por tanto, por una falta casi absoluta de compromiso y por una masificación de un nivel más bien bajo. Resulta contradictorio que si en un principio el argumento de la seguridad era un medio para evolucionar en la escalada de dificultad, actualmente este incremento de seguros juegue en contra de ella. Las vías se equipan y reequipan sin que eso represente un avance para la escalada, sino todo lo contrario. Como mucho, la hacen más asequible.

Desde una perspectiva ética, estética y ecológica, la huella que dejamos en una pared indica nuestra inadaptación a ese medio. El hecho de ir equipados con martillo para “preparar” el terreno representa una actitud poco amable hacia la amada naturaleza.

Habitualmente utilizamos algunos eufemismos en nuestra relación con la roca que resultan claramente significativos. Decir “limpiar” una vía ya es, de entrada, una depuración de todo aquello que no nos ofrece seguridad o comodidad. ¡Quizá así nos sintamos creativos! Lo mismo puede decirse cuando nos referimos a “arreglar” una presa porque corta o pincha, o quizá es demasiado pequeña; y el mismo ejemplo sirve para la escalada artificial, haciendo un agujero para meter un plomo o un gancho. ¡Sí que somos finos! Como si antes de llegar nosotros la pobre roca estuviera “sucia” o “estropeada”.

Aunque un poco distinto, también existe otro caso flagrante: el reequipamiento. Lo decimos cuando a menudo estamos hablando de vías que nunca han estado equipadas, en el sentido actual del término. Antes las vías se abrían, se repetían, se hacían, pero no se equipaban. Con la invención de las expansiones, a mediados de los años 50, ya fue normal dejar hierro en las vías, pero no era un equipamiento en el sentido en que lo entendemos ahora. Por tanto, hablar de reequipamiento de vías que nunca han estado equipadas resulta claramente sospechoso. Y también lo es referirse a reequipar cuando, en realidad, lo que hacemos es sustituir unas antiguas clavijas o buriles de 7 u 8 mm y 2 cm de longitud por parabolts de 10 o 12 mm y 10 cm de largo, con unas chapas que no tienen nada que ver con los alambres de las primeras buriladas.

El concepto de equipamiento es realmente moderno y proviene de mediados de los años 80, con el nacimiento de la escalada deportiva. Hablando con propiedad, por tanto, estas —las vías de escalada deportiva— son las únicas que pueden volver a equiparse. Personalmente, creo que si la escalada evoluciona debería notarse en una menor necesidad de utilizar medios auxiliares, principalmente el hierro. Por donde antes se subía en artificial hoy se sube en libre, y eso sí es realmente una evolución cuando no necesitamos más hierro para hacerlo. Es decir: hacer más con los mismos medios, o hacer lo mismo o más con menos medios.

Si necesitamos mucho más hierro para hacer un poquito más o casi lo mismo, en realidad nos estamos empobreciendo, y la roca también. En este sentido, que algunos hierros estén deteriorados por el paso del tiempo puede representar un reto interesante (hacer lo mismo con menos). Esos hierros viejos, en general mucho más pequeños que los actuales, son más ecológicos, tanto por los agujeros más pequeños que necesitaban como por el hecho de ser más biodegradables. También son más estéticos porque se ven menos, y pueden resultar más éticos si queremos subir con los mínimos recursos. El material, en realidad, nos distancia de la montaña.

Antes me he referido al compromiso consciente para decir que es precisamente cierta inconsciencia la que conduce a situaciones auténticamente comprometidas, como suelen ser las derivadas de confiar ciegamente en los equipamientos, cuando todos sabemos que existen casos en los que estos resultan peligrosos por envejecimiento, por una mala instalación o por un defecto de fabricación. También son frecuentes los accidentes cuando, al vernos rodeados de todas las seguridades, relajamos nuestra atención y es entonces cuando dejamos un nudo a medio hacer o se nos escapa la cuerda al descolgar al compañero. Si digo esto es porque me parece que toda esta seguridad pasiva, tan de moda, no deja de ser una irresponsabilidad. No se puede delegar nuestra preparación en unos equipamientos que no siempre son infalibles, ni mucho menos entregarse a ellos.

En resumen, las grandes líneas de buriles de los años 70 y 80, los equipamientos deportivos de los años 80 y los reequipamientos y vías ferratas de hoy en día son medios que quizá, en algún aspecto, han aportado algo nuevo a nuestra actividad. Pero, de todos modos, si reincidimos en ellos sin moderación, pueden suponer una auténtica degradación del entorno y una involución de la escalada.

— Josep Maria Alsina

 

 

L´Edat del Ferro

JOSEP MARIA ALSINA, (1998 VERTEX 22)

“I està ben equipada?” Avui, aquesta és una de les primeres preguntes que se’ns fa, si no la primera, quan se’ns demana informació sobre una via d’escalada. I el que tots entenem per “ben” és molt senzill: que hi hagi moltes assegurances fixes, si és possible, parabolts de 10mm de diàmetre com a mínim. I és que, actualment, la majoria dels escaladors, es fixen més en el ferro que no en la pedra. És clar que el que es considera que està bé (ben equipat) és la superabundància de ferro, com més quantitat i més gran sigui el diàmetre de les expansions –perquè han de ser expansions- millor. Perquè només aquesta, segons pensen molts, és l’única assegurança fiable que pot garantir la salvaguarda absoluta de les postres vides.

Però una tal acumulació fèrrea a les parets no fa més que acentuar la inadaptació de l’ésser humà al medi natural i actuar en detriment del comprimís psicològic inherent de l’escalada. Sense aquest compromís mental, l’activitat vertical es desvirtua, perd part de la seva esencia. L’escalada “esportiva” ens ha portat a què avui dia molts escaladors no coneixen ni poden concebre una altra forma de pujar les parets que no sigui el ferro. De fet, però son molts els que ja escalaven abans d’arribar aquesta tendència i ara s’hi han apuntat, com si allò d’abans no hagués existit mai. L’escalador busca la pròxima xapa, a dos metres de l’anterior; es concentra en les preses que té a l’abast i s’oblida de la paret i de l’entorn. Cal preguntar-se si aquesta és la millor manera d’entendre l’escalada; una manera que, d’altra banda, ha captat en els últims anys una gran quantitat de seguidors; o si, per contra, n’existeix una altra en la què el medi i el mateix compromís de l’escalador amb l’entorn i la seva activitat romanen encara intactes.

Si en un inici semblava que despenjar-se obertament per dalt i “assegurar completament” un llarg, una via o un totxo era la manera perquè els més inquiets aconseguissin superar dificultats cada cop més grans –concentrant-se en aquestes i desconcentrant-se de la seguretat, darrerament sembla que el procés s’ha invertit-. Ara son moltes les vies que s’equipen i es reequipen, que no suposen cap evolució en les dificultats de l’escalada, sinó que la fan més assequible. L’escalada actual es caracteritza, doncs, per una manca quasi absoluta de compromís i per una massificació d’un nivell més aviat baix. Resulta contradictori que si en un principi l’argument de la seguretat era un mitjà per evolucionar en l’escalada de la dificultat, actualment aquest increment d’assegurances hi juga en contra. Les vies s’equipen i es reequipen sense que això representi un avenç per a l’escalada, sinó tot el contrari. Com a màxim, la fan més assequible.

Des d’una perspectiva ètica, estètica i ecològica, el rastre que deixem en una paret indica la nostra inadaptació a aquest medi. El fet d’anar equipats amb martell per a “preparar” el terreny representa una actitud no gaire amable envers de l’estimada natura.

Habitualment ens servim d’alguns eufemismes en la nostra relació amb la roca que resulten clarament significatius. Dir “netejar” una via ja és, d’entrada, una depuració de tot allò que no ens ofereix seguretat o comoditat. Potser així ens sentirem creatius! El mateix podem dir quan ens referim a “arranjar” una presa bé perquè talla o punxa, o potser és massa petita, i el mateix exemple serveix per a l’escalada artificial, fent-ho en un forat per ficar-hi un plom o un ganxo. Si que anem fins! Com si abans d’arribar nosaltres la pobra roca estigués “bruta” o “espatllada”.

Encara que un xic diferent, també hi ha un altre cas flagrant, el reequipament. Ho diem quan sovint estem parlant de vies que no han estat mai equipades, en el sentit actual del terme. Abans les vies s’obrien, es repetien, es feien però no s’equipaven. Amb l’invent de les expansions, a mitjans dels anys 50, ja va ser normal deixar ferro a les vies però no era un equipament en el sentit que l’entenem ara. Per tan, parlar de reequipaments de vies que mai no han estat equipades resulta clarament sospitós. I també ho és referir-se a reequipar quan en realitat el que fem és substituir unes pitonisses de 7 o 8 mm i 2 cm de longitud per parabolts de 10 o 12 mm i 10 cm de llarg i amb unes plaquetes que no tenen res a veure amb els filferros de les primeres burinades.

El concepte d’equipament és realment modern i prové de mitjans dels anys 80 amb el naixement de l’escalada esportiva. Parlant amb propietat, doncs, aquestes, les vies d’escalada esportiva, son les úniques que poden tornar a equipar-se. Personalment, crec que si l’escalada evoluciona s’hauria de notar amb una menor necessitat d’utilitzar mitjans auxiliars, principalment el ferro. Per on abans es pujava en artificial avui s’hi puja en lliure i això és realment una evolució quan no necessitem més ferro per a fer-ho. Això és: fer més amb els mateixos mitjans o fer el mateix o més amb menys mitjans.

Si necessitem molt més ferro per fer una miqueta més o gairebé el mateix, en realitat ens estem empobrint i la roca també. En aquest sentit, que alguns ferros estiguin deteriorats pel pas del temps pot representar un interessant repte (fer el mateix amb menys). Aquests ferros vells, en general molt més petits que els actuals, son més ecològics, tant pels forats més petits que necessitaven com pel fet de ser més biodegradables. També son més estètics perquè no es veuen tant i poden resultar més ètics per si volem pujar amb els mínims recursos. El material, en realitat, ens distancia de la muntanya.

M’he referit abans al compromís conscient per dir que és precisament certa inconsciència la que porta a situacions autènticament compromeses, com acostumen a ser les derivades de confiar cegament en els equipaments quan tots sabem que es donen casos en que aquests resulten perillosos pel seu envelliment, per una mala instal·lació o per un defecte de fabricació. També resulten freqüents els accidents quan, veient-nos envoltats de totes les seguretats, relaxem la nostra atenció i és aleshores quan ens deixem un nus a mig fer o se’ns escapa la corda despenjant al company. Si dic això és perquè em sembla que tota aquesta seguretat passiva, tan de moda, no deixa de ser una irresponsabilitat. No es pot delegar la nostra preparació a uns equipaments que no sempre resulten ser infalibles ni molt menys, entregar-se.

En resum, les grans línies de burins dels anys 70 i 80, els equipaments esportius de la dècada dels 80 i els reequipaments i les vies ferrades d’avui en dia, son mitjans que en algun aspecte potser han aportat alguna cosa nova la nostra activitat. Però, de tota manera, si hi reincidim sense moderació poden suposar una autèntica degradació de l’entorn i la involució de l’escalada.

Josep Maria Alsina